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La tierra
clama justicia
por sentirse herida,
y al hombre no le importa
que clame como loca
año tras año, día tras día.
La tierra sustenta nuestra vida,
y el insensato no logra comprender,
que asestarle herida sobre herida
el hombre se convierte en matricida
y sin ella a él le toca perecer.
Mares infestados con aguas pestilentes,
límpidos arroyos ofendidos con basura;
enfermos están sin recibir ayuda,
y sigue el hombre su agravio permanente.
Bosques estragados, selvas llagadas ,
animales preciosos y casi extintos
por caza indiscriminada.
La humanidad por su codicia
y su perverso proceder,
quedará huérfana repentinamente
y súbitamente dejará de ser.
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México, lévantate
y conquista
la tierra que por siempre la vida te heredó;
con sonido de trompeta, arpas y guitarra
que llenen el espacio del aire, tierra, y mar.
Proclama la victoria anunciada
de tu ángel libertario,
y la serpiente devorada
por el águila sobre el nopal.
Tierra buena con vientre preñado de riquezas,
que dará a luz para acabar con la pobreza;
y aunque tu pueblo es feroz en las batallas,
prefieres la justicia y el derecho,
el trabajo y la paz sobre toda cosa creada.
El mal simbolizado por la serpiente,
será acabado por el águila impetuosa,
por este pueblo poderoso y fuerte
que nació para vivir siempre en victoria.
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Adornada
con finas joyas
va la novia rumbo al altar,
perlas y brillantes en su atavío
se sienten siervos de su majestad.
Un tul blanco cubre su rostro
resplandeciente con luz de sol,
ojos de adoración y boca sagrada
para decir sí, frente al Eterno Dios.
Su cintura ceñida con cinto de amor,
su níveo calzado de las nubes bajó;
vaporoso vestido de seda fina,
y regia corona sobre su cabeza,
adornan gloriosa figura perfecta,
cabello sedoso y tez alabastrina.
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Rocas del mar eterno
silenciosas y milenarias
guardas secretos múltiples,
amores y hasta plegarias.
No importa si es de día
de noche o de madrugada
o si la luz del sol
o de la luna las embriagan.
Siempre serán leales
a los besos de su amado,
de ese mar bravío
que haga calor o frío
no le reprochan nada.
Y sabiéndose bien amadas
conservan su belleza
que procuran sin pereza
para el azul y bello mar.
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