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Ave que
canta
con frágil garganta,
noches de luna
sumida en la duda,
un cuerpo caliente
con boca silente,
me dice que llueve
allá por el muelle.
La noche silenciosa
y un tanto perezosa,
me conduce a la nave
donde canta alegre el ave.
Veo la insistente bruma
y al mar que vomita espuma,
dejándola abandonada
sin que a mí me diga nada.
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Miro las
frágiles nubes
del cielo celeste,
tan vagas y blancas
como el cisne silente;
rellenas, dormidas, serenas
e inertes,
cabalgan sin tregua
en ligeros jinetes.
Burlonas se esconden
detrás de otra nube,
y llaman al viento
que todo descubre;
se ríen, se juntan
y van por las cumbres;
alegres, vistosas,
así van las nubes.
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Alegres vienen los
niños
para quebrar la piñata
preñada de cacahuates,
naranjas y dulces finos.
La venda sobre los ojos
todos la quieren tener ,
y vuelta tras vuelta y vuelta
con el palo entre las manos
dando de golpes ciegos
quebrada la quieren ver.
Entre saltos y alegría,
el niño con el palo se detiene,
y su pueril corazón confía
que con próximo golpe duro
la partirá cual sandía.
Llega el momento solemne
en que la piñata es quebrada ,
y sin que nadie les diga nada,
los chiquillos recogen su caudal,
y como si fueran piezas de oro
lo muestran con decoro
en la reunión dominical.
Ahora se forman todos
para recibir otra gran cosa,
que es una atractiva bolsa
con más dulces a saborear.
Colorida y atractiva piñata,
Cuán generosa eres
Con los niños de la tierra
Para brindarles placeres.
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